27 jun. 2012

Ser padre a los 50

Para los hombres, tener un hijo en la quinta década de su vida representa la prolongación de la virilidad, la fuerza y la actitud joven.

En estos tiempos que vivimos llegar a los cincuenta es sentirse joven, con experiencia, liberado de algunas normativas sociales que presionan a los 30 y a los 40 (trabajo, status social, pareja, familia, casa, etc.) y con una visión del porvenir más realista, y por qué no, desafiante.

Ser padre a los cincuenta es cada vez más frecuente y merece algunas consideraciones. Por un lado, la paternidad madura refuerza un status viril no inscrito al valor procreativo ni a la construcción de una familia como núcleo social (como seguramente ocurrió con sus primeros hijos en caso de haberlos tenido). Ahora tiene la oportunidad de asumir su función paterna sin los condicionantes de género, pero sí asociada a un deseo más auténtico.

Vigor y atractivo físico

Si nos atenemos a cuestiones estrictamente físicas las funciones orgánicas comienzan a depreciar después de la cuarta década de la vida. Es sabido que los niveles de testosterona inician su lento descenso luego de los treinta, pero es un mito pensar que la depleción de esta hormona ocasione problemas en la erección en el adulto mayor.

El varón puede seguir siendo tan vigoroso y fértil como en sus años mozos, sólo que va a espaciar sus encuentros sexuales porque el deseo se verá retardado para retomar un nuevo encuentro.

En medios urbanos, los varones de clase media, con acceso a la educación media o superior, afrontan mejor al paso del tiempo que los pares de clases populares, con escaso o nulo nivel académico. Sin llegar a ser metrosexuales la afluencia de público masculino de mediana edad o mayor, a gimnasios, controles nutricionales y hasta alguna cirugía estética, completan el panorama de la batalla por mantenerse atractivos y fuertes a pesar del paso del tiempo.

Mayores con jovencitas

Muchas mujeres gustan de hombres maduros que han sabido “amasar” experiencia, cuidado personal y por qué no, un poco de dinero. Muchas jóvenes están decepcionadas con los varones de su generación, les cuesta comprender esa forma que tienen de seducir, aparentar compromiso y después huir. Otras se hartaron de la tendencia de algunos a defender sus espacios individuales sin entender que toda relación se construye de a dos y merece renunciamientos.

Por otro lado, los hombres maduros se sienten atraídos por mujeres entre 10 a 20 años menores que ellos (no es ninguna novedad, siempre ha sido así), sobre todo si estas ofrecen un marco de tranquilidad, optimismo, y una cuota de paz (esto debe ser traducido como “no ansiedad, no demandas innecesarias, respeto por los tiempos y espacios individuales”).

La extensión en la expectativa de vida compromete a los varones a estar mejor con ellos mismos, a cuidarse para una mejor calidad de vida. Está plenamente aceptado por el encuadre social que un hombre que se cuida tiene más chance de conquista. Exhibir la decadencia es sinónimo de abandono.

Una nueva oportunidad

De todos los paradigmas de la “nueva masculinidad”, ser padre en la quinta década de la vida representa la prolongación de la virilidad, la fuerza y la actitud joven.

Los hombres de hoy tienen la oportunidad de integrar la paternidad juvenil, aquella que desarrollaron siendo más jóvenes (guiados por el condicionante cultural de conformar una familia) con un nuevo deseo, más ligado a un valor subjetivo y propio. De él dependerá la integración de sus diferentes roles y dar respuestas afectivas a las demandas de los pequeños (hijos y nietos), además de acompañar a sus hijos mayores.

Ya no hay rechazo al hombre que se tiñe, se cuida la piel, hace gimnasia, se controla periódicamente el colesterol y toma Viagra para lograr una buena y segura erección. Tampoco al papá maduro, sensible, pleno con sus experiencias de vida.



Por el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y psicoterapeuta.

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