La candidata repitió el discurso que su partido viene haciendo durante toda la campaña. Esto es, presentó al PP como «el muro frente al nacionalismo» y agitó la independencia como un fantasma señalando que una Euskal Herria soberana «no tendría ninguna viabilidad, estaría condenada al fracaso».
Sáenz de Santamaría afirmó además, en relación a una posible consulta futura, que los vascos «no quieren preguntas» sino que «quieren respuestas», y añadió por su parte que «el único político que puede darlas es Antonio Basagoiti».
La vicepresidenta del Gobierno que preside Mariano Rajoy también se refirió al proyecto independentista para asegurar que solo crea «inestabilidad» y llegando a responsabilizarlo de «crear más crisis, más paro y mas incertidumbre para los mercados».
Frente a ese «desafío», como ella misma lo definió, Santamaría opuso la «tranquilidad» que, a su juicio, genera el PP: «Nuestras prioridades son generar bienestar y luchar contra el paro, que es lo que de verdad importa a los ciudadanos».
Las críticas a los demás partidos también estuvieron presentes. Dijo «no fiarse de aquellos que no hablan claro», en relación a la propuesta de Iñio Urkullu, y «aún menos de aquellos que todos sabemos de donde vienen, que necesitan tapar que no saben ni recoger la basura», en alusión a EH Bildu. Su candidata a lehendakari, Laura Mintegi, fue tildada de «monjita» por uno de los oradores previos a Santamaría.
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