22 oct. 2012

Tras los violentos disturbios por el asesinato del jefe del espionaje policial, los militares piden a "los dirigentes de todas las fuerzas políticas a expresar con cuidado sus opiniones, porque el destino de la nación está en juego"


El Ejército libanés advirtió hoy de que "el destino de la nación está en juego" y que la seguridad es una "línea roja", tras los disturbios desencadenados por la muerte del jefe de la Inteligencia de la Policía, general Wisan al Hasan, en un atentado el viernes en Beirut.
"Instamos a los dirigentes de todas las fuerzas políticas a expresar con cuidado sus opiniones, porque el destino de la nación está en juego y deben comprometerse a impedir que se perturbe la situación y mantener la paz", dijo el mando de las Fuerzas Armadas, la única institución en Líbano con capacidad para apaciguar una crisis de esta naturaleza.
Y es que en durante el domingo hasta bien entrada la madrugada del lunes, la violencia terminó por prender en la capital libanesa, cuando cientos de manifestantes se enfrentaron a las fuerzas de seguridad tras el funeral multitudinario por el jefe del espionaje policial y bestia negra de Damasco, asesinado el viernes, Wissam al Hassan. Grupos de jóvenes enfurecidos trataron de asaltar la oficina del primer ministro Nayib Mikati. Los manifestantes pidieron el fin de la coalición de Gobierno, en la que participa Hezbolá y a la que acusan de complicidad con el régimen sirio. Los ánimos encendidos de la marcha en contra de la injerencia de Damasco hicieron que la sombra de las divisiones sectarias de la guerra civil (1975-90) volviera a planear sobre la capital libanesa.

Un impresionante despliegue policial y militar controló a media tarde de ayer a la turba enfurecida. Los choques sirvieron de advertencia de lo delicado de la situación que atraviesa el país y del riesgo de contagio inminente del conflicto abierto en Siria al vecino Líbano.
Miles de personas tomaron desde el mediodía la plaza de los Mártires, en pleno centro de Beirut, en una manifestación convocada por el Movimiento del Futuro, el partido del ex primer ministro Saad Hariri, y otras fuerzas de la oposición libanesa. El funeral se convirtió en una demostración de fuerza política de las facciones antisirias de Líbano.
Los manifestantes congregados en Beirut acusaron al régimen sirio del asesinato el viernes de Wissam al Hassan, quien además de jefe del espionaje policial era un destacado defensor de la oposición siria. El atentado con coche bomba destrozó el corazón del barrio cristiano de Ashrafiyeh y dejó claro que los que se atreven a desafiar a la dictadura de Damasco, tampoco están a salvo en Líbano.
Los trabajos de Al Hassan resultaron cruciales para la investigación internacional sobre el mortífero atentado contra el ex primer ministro Rafik Hariri en febrero de 2005, que implica a Siria y a Hezbolá, el partido milicia chií. Más recientemente, Al Hassan destapó los planes de un exministro libanés próximo a Damasco, que pretendía cometer atentados contra objetivos antisirios.
Para muchos libaneses, el currículum de Al Hassan no deja lugar a dudas de la autoría del atentado del viernes. “Sabemos que lo mató Siria”, dice Mohamed Chafchath, un joven de 23 años que empuña una bandera azul, de las que inundan la plaza. Es la señal de los seguidores de Saad Hariri, cuya presencia se aguardaba en el funeral. El político vive exiliado entre París y Arabia Saudí. Mientras habla, grupos de jóvenes piden “libertad” y corean “Dios y Hariri”.
Antes de la llegada, sobre las 15.30, del cortejo fúnebre, el bulevar que se extiende frente a la mezquita de Al Amin parecía bañado por una marea multicolor. Varios simpatizantes del Ejército Libre Sirio (ELS), entre los que se encontraban algunos de los rebeldes armados refugiados en Trípoli, al norte del país, hicieron su aparición. Les siguió un nutrido grupo de salafistas, a cuyo paso se abría un reguero de banderas verdes.
“Estamos aquí para demostrar que nadie en Líbano es sirio”, clamaba Natalie, de 18 años, seguidora del Partido Falangista, miembro de la coalición del 14 de Marzo. En las manos portaba una pancarta que rezaba “Revolución 2012”. “El Asad trata desestabilizar el país; estamos aquí para decir que no lo conseguirá”, añadió.
Los abucheos al actual primer ministro, Nayib Mikati —musulmán suní, al que acusan de complicidad con Hezbolá y de no impedir las maniobras de Damasco en Líbano—, se volvieron ensordecedores en cuanto su imagen apareció en la pantalla gigante instalada en un extremo de la plaza. A las pocas horas, los abucheos se convirtieron en enfrentamientos con la policía, que empleó gases lacrimógenos y disparó al aire para dispersar a la multitud y evitar el asalto a la oficina de Mikati en el Parlamento.
Burham, un joven sirio que dijo pertenecer al ELS, aseguró que miembros del partido de Hariri le animaron a llegar hasta el Parlamento: “Me dijeron: ‘¿Qué estás esperando?, somos el Movimiento del Futuro”. En Trípoli, al menos una persona murió este domingo en enfrentamientos armados entre los barrios de Bab al Tabané y Yabal Mohsen, que continúan desde el sábado.
El propio Saad Hariri, que el sábado había pedido a los libaneses desde su exilio que acudieran en masa al funeral, apareció este domingo por la tarde en la televisión para pedir a los manifestantes que volvieran a sus casas, ante la evidencia de que la situación empezaba a escapar a cualquier tipo de control.
El atentado con coche bomba del viernes tocó una fibra muy sensible y puso de manifiesto que Líbano está a un paso de meterse de lleno en el conflicto sirio. Con las fuerzas políticas y sectarias en Líbano divididas a favor y en contra del régimen de Damasco, el convencimiento por parte de muchos libaneses de que el régimen sirio está detrás del atentado podría terminar de polarizar a la sociedad libanesa y hacer saltar la chispa que incendie de nuevo el pequeño y archidividido país de los cedros. Así, mientras las fuerzas de la oposición suní apoyan la rebelión del ELS en contra del presidente Bachar el Asad, Hezbolá, el todopoderoso y gubernamental partido-milicia chií, apoya sin fisuras al régimen de Damasco.
Los conflictos acostumbran además a traspasar sus fronteras y a responder a intereses de países de la zona y también remotos. Con una oposición suní que cuenta con el apoyo Arabia Saudí y de Estados Unidos y con las fuerzas chiíes de Hezbolá aliadas con Damasco y Teherán, las repercusiones de un nuevo conflicto en Líbano se perfilan tan peligrosas como imprevisibles

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