1 ene. 2013

Ana Botella responde sobre que hizo el 2012 aparte de irse al SPA claro...



>> Alcaldesa. La sentó al frente del Ayuntamiento de Madrid la succión provocada por el vacío súbito de Alberto Ruiz-Gallardón al poner pies en polvorosa al Ministerio de Justicia sin mirar atrás. Solo Gallardón parecía confiar en su valía, y un año después Ana Botella (PP) ha confirmado por qué: mejor gestora que política, trabajadora incansable aunque apenas le luzca, la hasta entonces esposa de José María Aznar y ahora alcaldesa ha ido madurando a marchas forzadas en el puesto, creciendo por encima de cada golpe que recibía pero siempre por debajo del siguiente, cultivando el trato directo con los ciudadanos en la calle hasta que la calle se le puso en contra, y cumpliendo sin revolverse aquello para lo que fue designada no por las urnas sino por su partido: pagar las facturas de Gallardón sin chistar.

 El Ayuntamiento de Madrid —como todos— está intervenido económicamente por el Gobierno, lo que ha dejado a Botella sin apenas margen de maniobra. Y la tragedia del Madrid Arena le ha robado definitivamente la iniciativa y ha colocado el grueso de su gestión bajo sospecha, pese a que prácticamente todo (incluido su equipo de Gobierno) es herencia o consecuencia de Gallardón. A la alcaldesa, que no cuenta ya ni con el respaldo público de su partido, le ha tocado pagar la cuenta.

>> Basura. Botella ha ejecutado el proyecto de Gallardón de agrupar los contratos de servicios públicos (farolas, limpieza, parques, etcétera) para ahorrar y vigilar mejor su calidad. El más importante este año era el de recogida de basuras, pero quedó desierto tras motivar una huelga de tres días. Ese contrato preveía dejar de recoger los residuos en domingos y festivos, medida que ha sido aparcada al menos un año.

>> Cuentas. Gallardón gastó en obras 9.800 millones de euros entre 2003 y 2011. Quedan por pagar 6.641 millones. “Nos hemos comido parte del futuro de la siguiente generación, tenemos que hacer la digestión lo más rápido posible”, explicó hace días Botella, que jamás ha señalado de forma directa a su predecesor. Lo más rápido posible
significa que dentro de 10 años la ciudad aún deberá 1.600 millones. La deuda de Madrid no es desmesurada si se compara con su capacidad para generar ingresos o se divide por el número de habitantes. Le superan de largo todas las autonomías, el Estado y decenas si no cientos de ciudades de todo color político. Pero la prohibición del anterior Gobierno (PSOE) de aplazar su pago y la imposición del actual (PP) de abonar de una tacada las facturas pendientes a proveedores ha asfixiado las cuentas municipales, obligando a aprobar varios planes de ajuste sucesivos que han dejado la ciudad funcionando al ralentí.
>> Desahucios. Botella ha finiquitado la construcción de vivienda protegida; y ha aprobado la venta de cuatro bloques alquilados a personas de escasos recursos (en su mayoría, ancianos), diseminando a 120 familias por otros barrios. Ha querido vender además varios edificios oficiales, en su mayor parte sin éxito por falta de compradores.

>> Eurovegas. El Ayuntamiento parece haberse salido con la suya: el proyecto de Sheldon Adelson se construirá presumiblemente en Alcorcón (o Paracuellos), y la capital se verá beneficiada por la creación de empleo sin perdonar impuestos.

>> Fiesta de Halloween. La muerte de cinco jóvenes en el pabellón Madrid Arena obligó a dimitir al edil Pedro Calvo, tiene al albur de la investigación del juez a varios miembros más del Gobierno local, y ha dejado muy tocada la imagen de la alcaldesa, que decidió marcharse apenas horas después de la tragedia a un balneario portugués. La ciudad va de sobresalto en sobresalto por las actuaciones municipales para ponerse al día en materia de seguridad tras años de laxitud administrativa.

>> González. La exigua tregua de nueve meses en las batallitas diarias de Comunidad y Ayuntamiento se diluyó cuando Aguirre, amiga de Botella, cedió el Gobierno regional a Ignacio González. Entraron alcaldesa y presidente con mal pie por la falta de respaldo expreso de ella a las aspiraciones de él de heredar también el liderazgo del PP regional. Botella le pegó una patada al tablero al respaldar con su firma las protestas del sector sanitario contra González. La Comunidad respondió negándole el pan y la sal tras la tragedia del Madrid Arena, una estrategia (más defensiva que otra cosa) a la que se sumó la tercera autoridad en discordia, la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes.

>> Incendio de la M-30. Los tres sucesos se encadenaron en apenas un mes: el 21 de septiembre, los altercados en el festival MTV (60 heridos y 11 detenidos), que el Ayuntamiento admitió no haber sido capaz de evitar; el 26 de octubre, un fuego en los túneles de la M-30 que costó la vida a dos trabajadores y desnudó graves carencias de seguridad; y el 1 de noviembre, el Madrid Arena.

>> Juegos Olímpicos. Botella ha mantenido con la cabeza muy fría (y menguante respaldo ciudadano) la aventura sentimental en la que Gallardón metió a Madrid en tres ocasiones. Presume de no gastar apenas dinero (aunque la partida olímpica superará el gasto en polideportivos en 2013) hasta saber el desenlace en septiembre. Entre tanto, la mudanza del Atlético de Madrid a La Peineta está en el aire por decisión judicial; y la Caja Mágica (que costó casi 300 millones) ha vuelto a quedarse sin inquilinos tras ponerse a los pies del equipo de Fórmula 1 HRT, ahora en liquidación. Sólo se ha salvado la ampliación el Santiago Bernabéu.

>> Las Artes. El responsable de la cultura municipal, Fernando Villalonga, llegó en enero despotricando sobre supuestas corruptelas del equipo anterior, de la máxima confianza de Gallardón, y ha terminado el año con un expediente de regulación de empleo abortado a última hora tras fuertes protestas sindicales. Entre tanto, ha prometido poner patas arriba la cultura de Madrid, sin apenas propuestas concretas a excepción de cubrir la falta de dinero con patrocinios privados.

>> Música. El precio de las escuelas municipales de música se ha triplicado, expulsando a muchos alumnos. Pero también han subido los parquímetros, el IBI, polideportivos y talleres culturales...

>> Negro. De luto se vistieron los funcionarios municipales por los recortes salariales del Gobierno. El Ayuntamiento ha hecho equilibrios para tocar lo menos posible su sueldo, y las protestas no han sido notables. Pero queda pendiente la restructuración de organismos y empresas municipales, que tienen 3.500 empleados. La alcaldesa se ha cuidado de negar que vaya a haber despidos.

>> Prostitutas. Botella prometió un plan social contra la prostitución que lleva meses congelado. Prepara también una ordenanza para regular esa y otras materias de convivencia (mendicidad, gorrillas, acampadas en la calle). Promete no multar a los meretrices, como propugna el Gobierno.

>> Quioscos. Botella renovó la concesión de los puestos de El Retiro entre protestas de los empresarios que llevaban décadas explotándolos. Quiso hacer lo propio con la terraza del café Gijón, pero en esta ocasión la presión social sí permitió conservar el negocio a sus dueños. Ha prometido sembrar de terrazas las plazas del centro y del área de las cuatro torres. En Sol, el Ayuntamiento prometió además árboles por encima de sus posibilidades.

>> Real. La Cañada sigue esperando un plan regional que debía estar listo en septiembre y del que nada se sabe aún, a cinco meses de que venza el plazo impuesto por Aguirre para solucionar el tema con consenso. Botella, por su parte, no ha logrado avanzar en El Gallinero, y ha dejado a su suerte Puerta del Hierro.

>> Social. Prometió no recortar en servicios sociales, y aunque lo ha hecho (escondiendo el grueso del ajuste en la atención directa de los distritos), sí ha protegido esa partida.

>> Trabajo. Gallardón ganó las elecciones en junio de 2011 con la promesa de impulsar la creación de 150.000 empleos. Desde entonces, sólo se ha destruido empleo. Con Botella se han sumado 27.100 personas a la cola del paro (ya son los 254.700), a un ritmo superior que en el resto del país. Casi 95.000 llevan dos años sin trabajo, y 127.776 no reciben prestaciones, según denuncia el líder municipal socialista, Jaime Lissavetzky.

>> Urbanismo. Su gran proyecto, el nuevo plan general, no verá la luz hasta 2015, pero antes deberá solventar el revés judicial a las artimañas legales de Gallardón, que ha dejado en el aire la mayor parte del crecimiento de la ciudad en la última década. La inversión en infraestructuras está paralizada, y con ella las peatonalizaciones. Sólo se ha salvado el carril bici del centro.

>> Voluntarios. Su primera bofetada. Botella nunca ha explicado si su apuesta por colocar a voluntarios en puestos que corresponden a funcionarios fue un desliz dialéctico o una idea política abortada por el escándalo.

>> Taxi. El Ayuntamiento ha renovado la vetusta ordenanza del sector: tarifa fija al aeropuerto, ESO obligatoria para los nuevos conductores... La norma discrimina a los enfermos de sida. A última hora, se cayó la prohibición de usar chanclas en verano.

>> ZPAE. Botella ha aprobado una norma para reducir el ruido de bares y restaurantes en el centro que no ha gustado ni a vecinos ni a hosteleros. Además, presume de un recorte del 11% en las emisiones contaminantes de los coches, aunque el veredicto corresponde a la UE.
Lo que ha sucedido este año
Diciembre. Ana Botella (PP) tomá posesión el 27 de diciembre de 2011 de un Ayuntamiento hipotecado por la enorme deuda heredada de los ocho años de Gobierno municipal de Alberto Ruiz-Gallardón (PP). Pierde además a los pilares políticos del anterior alcalde: Manuel Cobo, vicealcalde (que se retira a un segundo plano político); y Juan Bravo, concejal de Hacienda (que marcha como subsecretario de Gallardón en el Ministerio de Justicia).

En su primer discurso, Botella refrenda el proyecto olímpico, promete austeridad y pone el énfasis en los servicios a los más desfavorecidos. Coloca como vicealcalde a Miguel Ángel Villanueva, hasta entonces responsable de Economía, y crea una superárea de Medio Ambiente, Movilidad y Seguridad que concentra la mitad del gasto municipal. Además, recorta altos cargos.

Enero. El Ayuntamiento elimina la mayoría de cabalgatas de distrito por falta de fondos y para potenciar el desfile central. En la Cañada Real, propone regularizar una parte y derribar el resto. La contaminación sigue por encima de los límites legales, pero pese a ello se niega a adoptar medidas que restrinjan el tráfico. En su primera reunión con Esperanza Aguirre, Botella se muestra prudente ante el entusiasmo de la presidenta regional por Eurovegas.

A final de mes se enfrenta a su primera crisis, al desvelar EL PAÍS que funcionarios del área de Movilidad empleaban para fines privados los vehículos municipales para reparar semáforos, que les servían de coche oficial, según admite el concejal Pedro Calvo. Además, provoca escándalo su petición de voluntarios para sustituir el trabajo de funcionarios en las bibliotecas municipales.

Febrero. Se desvela el logotipo de la candidatura de Madrid 2020, entre críticas y preocupación por la falta de apoyo ciudadano. Además, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid bloquea la Operación Calderón y, por ende, la construcción del estadio olímpico de La Peineta, lo que enfrenta por primera vez a Aguirre y Botella; finalmente, la alcaldesa recurre al Tribunal Supremo. La capital presenta su informe técnico al Comité Olímpico Internacional, que prevé más de 1.500 millones de gasto y cuatro nuevas estaciones de metro; la contaminación, el dopaje y el terrorismo lastran la candidatura.

El Ayuntamiento alquila la Caja Mágica por cinco años al equipo de fórmula 1 HRT, que apenas dura como inquilino hasta final de año. Y renueva las concesiones de los quioscos de El Retiro entre grandes protestas. Aprueba un plan de calidad del aire que sube los parquímetros, y un plan de protección acústica para reducir el ruido en el centro de la ciudad. Además, sufre carcoma en el flamante centro cultural Conde Duque.

El Gobierno central aprueba el primer plan de ajuste municipal, lo que le permite ponerse al día en el pago a proveedores, con los que acumulaba una deuda comercial de más de 1.000 millones de euros. El vicealcalde promete que no se subirán los impuestos, algo que ocurrirá en apenas diez meses. Además, el Tribunal Supremo sentencia que el encarecimiento de las multas de 2005 fue ilegal. Los salvavidas del Gobierno central permiten sin embargo sobrevivir económicamente al Ayuntamiento, que acomete recortes sociales.

Marzo. Botella ficha a Natalio Grueso, exdirector del Niemeyer, para la programación cultural de Madrid; Mario Gas abandona el Teatro Español. La contaminación sigue desbocada, y el Gobierno municipal pide una moratoria a la Unión Europea para cumplir los límites legales. El Ayuntamiento se enfrenta a la Comunidad por la privatización del Canal de Isabel II, que motiva incluso una consulta popular. Se producen derribos en el poblado chabolista de El Gallinero, que queda excluido del plan para la Cañada Real.

La recesión noquea las cuentas municipales. Madrid aprueba recortar gastos y subir impuestos para ajustar sus cuentas. Botella congela al menos dos años las peatonalizaciones previstas, empieza a privatizar polideportivos municipales, y rebaja un 60% el presupuesto de los festejos de barrio. La justicia paraliza el acuerdo del Real Madrid y el Ayuntamiento sobre el estadio Santiago Bernabéu. Arrecian los enfrentamientos en Lavapies entre vecinos y policía. Se prohíbe abrir más bares en el centro de la ciudad. La NASA capta la contaminación lumínica.

Abril. Cataluña y Madrid se disputan Eurovegas, y la capital toma ventaja por las barreras urbanísticas en Barcelona. El Ayuntamiento contabiliza a medio millar de ‘sin techo’ durmiendo en las calles. El Tribunal Supremo anula la tasa de vados. La ciudad avanza a pedales hacia una normativa para la circulación de bicicletas. Botella cumple cien días al frente del Ayuntamiento, que contrata a dedo como asesora a una hermana de Aguirre.

Madrid estudia crear nuevos aparcamientos de residentes y convertir plazas azules en parkings disuasorios. El Tribunal Supremo ratifica la prohibición de los coches-anuncio. La alcaldesa decide usar el transporte público en algunos de sus desplazamientos de trabajo. El Ayuntamiento diseña un parque en la azotea del nuevo polideportivo y el centro comercial de La Cebada, y da luz verde a convertir la Casa de la Carnicería en un hotel de lujo. Prepara además su mayor operación de venta de inmuebles municipales. Botella entrega la medalla de honor de la ciudad a Gallardón.

Mayo. El Ayuntamiento revisa el anterior plan urbanístico y admite el error de 15 años de crecimiento basado solo en el ladrillo. Madrid 2020 pasa el primer corte en cabeza, seguida de Estambul y Tokio. Sin embargo, el Comité Olímpico Internacional duda de que España pueda invertir 1.900 millones en los Juegos. Botella recorta el presupuesto para las actividades deportivas municipales sin tocar los fondos de la candidatura. No son los únicos ajustes, que afectan incluso a la lucha contra el desempleo y a los servicios sociales. Los recortes paralizan además la apertura de un teatro y un museo y terminan con la Noche en Blanco. Se aplaza la rehabilitación de la calle Atocha por falta de dinero. Los recortes llegan incluso a los médicos de los polideportivos. Y no se descartan más. Prosiguen entre tanto las protestas de los empleados municipales por los recortes, bautizadas ya como marea negra
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La alcaldesa rechaza las propuestas de la oposición para combatir la contaminación. La Defensora del Pueblo señala al Ayuntamiento por el mal olor del PAU de Vallecas, y este responde que las emisiones han bajado un 80%. Desmantela además un huerto urbano de vecinos pese a no tener planes para ese solar. Los padres de alumnos del colegio de San Ildefonso protestan por la mudanza forzada por el mal estado de conservación del centro, que terminará por paralizarse.

Junio. Botella realiza una desastrosa intervención en el debate sobre el estado de la ciudad, lastrada por la inexperiencia y el legado de Gallardón. En materia social, promete 200 viviendas a familias desahuciadas, y muestra su oposición a multar a las prostitutas. Anuncia que el Ayuntamiento dejará de ofrecer electricidad gratis a los coches ecológicos a partir de 2013 y que estudia aprobar tasas para modelar el paisaje urbano. La Fiscalía se querella por las obras sin licencia del Hipódromo de la Zarzuela, prosiguen las protestas de los quiosqueros de El Retiro, y los vecinos salen a la calle contra el nuevo crematorio de Carabanchel. La retirada del cartel de Tío Pepe en la puerta del Sol provoca un gran revuelo ciudadano. El Ayuntamiento pide además cuentas al Athletic de Bilbao y al FC Barcelona por los destrozos en la Copa del Rey.

Botella y Aguirre limitan la primera fase del proceso de eliminación de duplicidades a centros de mayores y de drogadictos. El Ayuntamiento anuncia que relajará la protección de edificios antiguos para permitir su rehabilitación, para dinamizar la ciudad. Además, pone a la venta más bloques para hacer caja. Se presenta un reglamento de uso de los polideportivos que impone multas de 750 euros por comer un bocata o poner música en la piscina, y se aprueba la celebración de bodas los sábados en recintos municipales. Botella plantea que el camión de la basura deje de pasar los domingos, aunque finalmente no podrá llevar a cabo sus planes.

Julio. Se celebra el Orgullo Gay, y el Ayuntamiento lo multa por exceso de ruido. Botella anuncia los primeros despidos, pese a que los funcionarios municipales trabajarán más horas y cobrarán menos; es increpada en la calle por ello. Alemania retira una placa nazi defendida por el Ayuntamiento. Suben los parquímetros.

La justicia levanta la paralización del acuerdo sobre el Santiago Bernabéu, y el Ayuntamiento aprueba la remodelación del estadio. Se secan la mayor parte de las fuentes ornamentales para ahorrar. Se presenta la nueva ordenanza del taxi, que prevé una tarifa fija para desplazamientos al aeropuerto; y el reglamento para los polideportivos, que plantea reducir su horario de apertura. Botella evita imponerse una reducción de muertos por atropellos.

El nuevo plan general urbanístico plantea convertir para 2030 Madrid en una ciudad de bulevares. Las algas tiñen de verde el río Manzanares. Las protestas por el crematorio de Carabanchel llegan a los juzgados. Un juez censura la “desproporcionada” actuación contra El Gallinero, y la Comunidad promete para septiembre un plan urbanístico y social de la Cañada Real, promesa que ha incumplido hasta la fecha.

La Unión Europea pone bajo vigilancia la boina de contaminación sobre la capital. A Madrid no le salen las cuentas olímpicas, y paga las facturas con años de retraso.

Agosto. La crisis dispara las diferencias entre distritos en desempleo y desahucios. Madrid 2020 se aprieta el cinturón. El café Gijón salva su terraza, y con ella su futuro. La Policía Municipal impone 2.345 multas en el primer mes contra el botellón. Los bomberos abuchean a Botella en las fiestas de la Paloma. El Ayuntamiento asegura que ha ofrecido vivienda a una niña de 6 años que Amnistía Internacional denuncia que duerme en la calle en un poblado chabolista. La Defensora del Pueblo pide información al respecto.

Septiembre. Sheldon Adelson elige a Madrid frente a Barcelona para instalar Eurovegas, una inversión que aún se disputan Alcorcón, la capital y Paracuellos-Torrejón; y que cuestiona el futuro de Ifema. Botella prepara una norma para regular la prostitución y la mendicidad en la calle, que también afectará a acampadas, ‘gorrillas’ y ‘lateros’. Madrid 2020 sigue remando a contracorriente. Surgen nuevas sombras de corrupción en el área de Las Artes.

El paro crece en la capital más rápido que en la región y en el resto del país. Botella intensifica un 27% su recorte en servicios municipales, rebaja hasta un 39% el precio de seis edificios al no encontrar comprador, y triplica el precio de las 13 escuelas municipales de música y danza. De esos seis edificios, sólo logrará vender uno.

La justicia permite a las discotecas colocar terrazas en la calle. Una pelea multitudinaria revienta el festival musical de la MTV y pone en cuestión la actuación de la Policía Municipal. El Ayuntamiento acaba por reconocer sus errores. Botella insinúa que el Gobierno autoriza demasiadas manifestaciones y pide que saque las protestas del centro. Asociaciones, arquitectos y religiosos presentan un proyecto para El Gallinero para cubrir el vacío municipal.

Octubre. El Ayuntamiento liquida la construcción de vivienda protegida en Madrid. El Tribunal Supremo tumba los desarrollos urbanísticos de la capital. Adelson visita la capital, anuncia que ya tiene el dinero para Eurovegas y se reúne con Mariano Rajoy en La Moncloa.

El Ayuntamiento aboga por permitir música en los bares y restaurantes. Además, se plantea poner una terraza en Sol, aunque no árboles, y también en Callao y bajo las cuatro Torres. Además, se plantea un último intento de salvar el faro de Moncloa. Madrid 2020 sigue perdiendo apoyo ciudadano. Una decena de ediles del PP se ausenta de la votación para dar una calle a Carrillo.

Botella mantiene la subida de impuestos pese a recibir más dinero del previsto. El Club de Campo olvida
sin embargo pagar el IBI. La nueva ordenanza del taxi incluye la prohibición de llevar chándal o sandalias, la obligación de tener la ESO, y una cláusula discriminatoria contra los enfermos de sida. Dos trabajadores mueren en el incendio de una instalación eléctrica de la M-30, que destapa graves fallos de seguridad.
Noviembre. Cinco chicas de 17 a 20 años mueren aplastadas en la fiesta de Halloween del pabellón municipal Madrid Arena. El organizador, Miguel Ángel Flores, es imputado por el juez, que sospecha que duplicó el aforo de 10.600 personas. La alcaldesa, Ana Botella (PP), aprueba con muchas cortapisas una comisión de investigación en la que la oposición denuncia fallos de seguridad. El Ayuntamiento lo niega, pero impulsa cambios normativos y operativos. El concejal Pedro Calvo dimite tras ser imputado como responsable de alquilar el pabellón. Botella y el nuevo presidente regional, Ignacio González, se enfrentan por el Madrid Arena y el plan de privatización de la sanidad pública. El incremento de la seguridad pone en peligro la celebración del rastrillo Nuevo Futuro.

El Gobierno municipal presenta sus presupuestos para 2013, que recortan al máximo el gasto en servicios y suben los impuestos. Estos ajustes dejan al Ayuntamiento funcionando al ralentí. Botella desaloja a 120 familias para vender sus pisos a una empresa y hacer caja. Huelga de tres días de la recogida de basuras. Las protestas por el despido de empleados públicos afectan a la programación cultural del Ayuntamiento e incluso se suman a ella espectadores.

Diciembre. La sacudida del Madrid Arena alcanza a eventos en más recintos municipales y a las macrofiestas navideñas. El Ayuntamiento adelanta o veta las cabalgatas de distrito por falta de Policía Municipal. Botella no logra sacar adelante su nuevo contrato de basuras, que preveía dejar de recoger los residuos en domingos y festivos. Sigue adelante el plan para vender los edificios con inquilinos de alquiler social.

Fuente: Elpais.com

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