¿Errar es de sabios? Lo que creían en el reino de Serendip, la actual Sri Lanka, es que los sabios tienen la habilidad de sacar partido de lo que les ocurre, aunque se trate de un error. Así lo contaba una de las innumerables leyendas que se trasmitían de padres a hijos. Narraba la historia de tres príncipes que tenían un particular don: el del descubrimiento fortuito.
Encontraban, sin buscarla, la respuesta a problemas que no se habían planteado gracias a su capacidad de observación y a su sagacidad. Aquella leyenda fue recogida en el siglo XVIII por el escritor inglés Horace Walpole en su novela The Tree Princes of Serendip y fue él quien acuñó una nueva palabra: serendipity (serendipia). Aquella palabra es hoy un término científico para referirse a esta actitud: “Estar abierto a encontrar respuestas”, explica el investigador e historiador francés René Tatón.
Encontraban, sin buscarla, la respuesta a problemas que no se habían planteado gracias a su capacidad de observación y a su sagacidad. Aquella leyenda fue recogida en el siglo XVIII por el escritor inglés Horace Walpole en su novela The Tree Princes of Serendip y fue él quien acuñó una nueva palabra: serendipity (serendipia). Aquella palabra es hoy un término científico para referirse a esta actitud: “Estar abierto a encontrar respuestas”, explica el investigador e historiador francés René Tatón.
