Dos mujeres de 81 y 76 años convivieron durante diez días con el cadáver de su hermana pensando que estaba durmiendo o que se sentía mal, cuando en realidad había muerto.
La verdad se supo cuando un sobrino de las ancianas llegó a la casa con el dinero de la jubilación que les cobraba todos los meses y se encontró con ese cuadro. Pero además, vecinos de la vivienda habían alertado a la policía sobre la existencia de olores nauseabundos que salían de la casa donde habitaban las tres mujeres.