12 nov. 2012

La pelota, en el tejado de Fabra

La confesión del publicista Daniel Mercado al juez Castro sobre la financiación irregular del PP en Baleares tiene en su vertiente colateral sobre los gobiernos de Francisco Camps y Esperanza Aguirre, en Valencia y Madrid, un interés suplementario, pues además de poner de manifiesto el modus operandi para hacerse con sustanciosos fondos públicos, constituye un relato de cómo ha funcionado el reparto del pastel a nivel territorial durante estos años de inmundicia.

El método de Mercado y el de la red Gürtel eran al parecer bastante similares, pero no por ello la competencia entre ambos era menos feroz. Así, según la declaración de Mercado, Francisco Correa, el cabecilla de Gürtel, le amenazó con que le pasaría algo a su integridad física si seguía intentando trabajar con organismos públicos de comunidades gobernadas por el Partido Popular, como venía haciendo desde hacía algunos años en Baleares, Castilla y León, Madrid y Valencia. El encuentro tuvo lugar en una esquina de la calle Goya, con la de Serrano, evidentemente un marco incomparable, aunque no sepamos en cual de ellas fue. Si en la que se ubica la tienda histórica de Loewe, en la de enfrente, donde hay un par de entidades bancarias, o en la opuesta, en la que tiene su sede una importante joyería. Sin duda cualquiera de estos tres establecimientos podía haber sido objeto de la visita de ambos personajes, a tenor de lo que consta en los respectivos sumarios sobre los tejemanejes de joyas, bolsos y dineros (“pastuqui” en la jerga de Correa). También sería verosímil, dada la naturaleza de sus negocios, que uno viniera de la calle Génova y el otro fuera hacia ella y que simplemente se cruzaran allí. Aunque tampoco sería descabellado que uno viniera de la calle Génova con el propósito de ir a la entidad bancaria de la calle Goya y el otro saliera de Loewe con la idea de ir hacia Génova. No hay que descartar ninguna hipótesis. Fuera como fuese, el asunto es que un día ambos se cruzaron en ese punto preciso de la geografía madrileña, del mismo modo como hemos visto que se cruzan entre el salón y el banco los protagonistas de una peli segundos antes de que uno le diga al otro “apártate de mi camino, Sam”. Parece ser que en esta ocasión Sam se llamaba Dan, porque según declaró ante el juez el propio Daniel Mercado, sintió miedo, no quiso seguir con la conversación y se marchó.

El encuentro de Mercado en Valencia con Alvaro Pérez, El Bigotes, el amiguito del alma de Camps, no llegó a los altos grados de tensión del que tuvo en Madrid con Correa. Fue en la plaza de la Reina y según el relato de la agencia Efe, Mercado, después de comentarle a El Bigotes que estaba contento por un encargo que había recibido del departamento valenciano de Familia, este le contestó que estaba totalmente equivocado si creía que iba a trabajar en la Comunidad Valenciana. Y aunque Mercado pensó que era “una bravuconada” del hombre de Correa en Valencia, días después recibió una llamada de la consejería valenciana anulando el encargo.

Ahora, unos años después, el diputado de Esquerra Unida Ignacio Blanco ha pedido al Gobierno valenciano que facilite el expediente de los contratos sobre esa controvertida campaña publicitaria. La pelota rebota pues en el tejado de Alberto Fabra.


Fuente: ElPais.com

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