29 nov. 2012

La extrema derecha húngara pide que se hagan “listas de judíos”


Un destacado diputado de la extrema derecha húngara, Márton Gyöngyösi, ha causado indignación al pedir que se “preparen listas de los judíos que viven aquí, sobre todo los [que están] en el Gobierno y en el Parlamento, que, de hecho, suponen un riesgo para la seguridad de Hungría”. Su partido, Jobbik, es la tercera fuerza política, con 44 diputados de una Cámara compuesta por 386.
Gyöngyösi pronunció esas palabras en el Parlamento anoche, a propósito de la postura del Gobierno húngaro en el conflicto palestino-israelí. El Ejecutivo apoya una solución pacífica —la vía de los dos Estados—, ya que beneficia tanto a los israelíes con ascendencia húngara como a los judíos húngaros y a los palestinos que viven en Hungría, informa Reuters. Ante ello, el diputado, que también es el encargado de las relaciones exteriores del partido ultra, dijo que ya sabe “cuánta gente de ascendencia húngara vive en Israel y cuantos judíos israelíes viven en Hungría”. Luego pidió que se hagan listas con los judíos que hay en el Gobierno y el Parlamento.
El Gobierno del conservador Viktor Orbán se ha apresurado a condenar “con la mayor rotundidad” estas frases y a defender que el Ejecutivo toma “las más estrictas medidas contra toda forma de racismo y comportamiento antisemita”, además de asegurar, en el mismo comunicado, que hace “todo lo posible para acallar las voces malignas incompatibles con las normas europeas”. Poco después, y ante la catarata de críticas de todo el espectro político húngaro, Gyöngyösi trató de matizar torpemente que se refería solo a los que tienen doble nacionalidad, y pidió perdón a sus “compatriotas judíos”, recoge Efe.
Desde el despacho con vistas al Danubio que tiene como subjefe del grupo parlamentario y en un inglés fluido, Márton Gyöngyösi trata de dar una frágil pátina de moderación para la prensa extranjera al tosco discurso ultraderechista de su partido, de corte antisemita, racista y beligerante con los gitanos y antieuropeísta. De hecho, como recuerda Reuters, Jobbik nunca había pedido tales listas. Gyöngyösi también negaba, por ejemplo, que un diputado de su partido hubiera solicitado un certificado en el que se le garantizara que no tenía herencia genética judía, algo que generó una fuerte polémica en junio.
“El antisemitismo se está haciendo más llamativo y fuerte en Hungría”, explicó a este periódico entonces Péter Feldmájer, el presidente de la principal federación de los cerca de 100.000 judíos que hay en el país. Antes del verano, hubo una serie de incidentes antisemitas que fueron durísimamente criticados dentro y fuera de Hungría. Por ejemplo, cuando la estatua de Raoul Wallemberg, el diplomático sueco que salvó a miles de judíos húngaros del Holocausto, amaneció con patas de cerdo ensangrentadas colgando. O cuando Elie Weisel, superviviente de Auschwitz y premio Nobel de la Paz, devolvió la principal condecoración que otorga el Estado húngaro por la rehabilitación en el país de la figura de un escritor pronazi y del dictador Miklós Horthy (1920-octubre de 1944), considerado el responsable último de la deportación de cientos de miles de judíos húngaros a campos de concentración.

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