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30 nov 2012

En Londres no nos dejan servir mesas. No sabemos inglés


Pasé el pasado fin de semana en Londres. Hacía más de cuatro años que no iba. Y esta vez no me he encontrado con los españoles ni luchando con las máquinas de billetes de metro, ni regateando en los puestos de Portobello Market, ni sacándose una foto delante de una cabina de teléfonos. Esta vez estaban friendo patatas en McDonalds, sirviendo mesas en un restaurante indio en Soho o repartiendo octavillas en Oxford Street.
Chicos con una pinta estupenda, de entre 20 y 30 años. Ingenieros, realizadores de televisión, pilotos comerciales, abogados, incluso algunos con un máster ya en su haber. Comparten habitación con otros tres o cuatro, o casa con otros diez o doce, por entre 90 y 200 libras a la semana. Comen lo que pueden, pasan frío, trabajan mucho y lo pasan bomba, porque para eso son jóvenes. Y, por regla general, tienen dos cosas en común: una, que no ven futuro en España y prefieren trabajar de cualquier cosa en Londres mientras aprenden inglés. Dos, que su inglés es terrible.Lo han estudiado de los 4 a los 16 años en el colegio, pero apenas son capaces de chapurrearlo.
Nuestros chicos tienen que pagar antes el peaje de aprender un idioma porque nuestro país les ha falladoMe quito el sombrero con estos jóvenes que dejan en casa las comodidades y a los amigos para buscarse la vida en otro país. Pero mientras alemanes, suecos o portugueses de su edad pueden salir a buscar trabajo a cualquier parte del mundo ya armados para hablar la lengua de los negocios, nuestros chicos tienen que pagar antes el peaje de aprender un idioma, porque nuestro país les ha fallado.
Inglés, la asignatura pendiente
Se han escrito ríos de tinta sobre por qué a los españoles se nos da tan mal el inglés. Hay quien lo atribuye a la dificultad que supone aprender un idioma con raíces distintas a las latinas. Pero, en ese caso, hablaríamos bien el francés o el italiano, y no es el caso. También se habla mucho de nuestra exposición cultural a la lengua: como Franco decidió doblar las películas anglosajonas para poder censurarlas a su antojo, en España no hay tradición de ver cine o televisión en versión original.
Luego está aquello de que en nuestros colegios se trata el inglés como si fuese una lengua muerta, como el latín o el griego, y se da demasiado peso a la gramática frente a la conversación (entre otras cosas, porque hay pocos profesores nativos y/o que tengan un buen acento que transmitir a los chicos). O que aún hay poca tradición en nuestro país, dónde la enseñanza de inglés en los colegios es relativamente reciente.
Todos estos motivos son válidos pero, en mi opinión, insuficientes. Mi generación se ha llevado un chasco detrás de otro por no dominar el inglés y nos consta que la enseñanza del idioma en los colegios no es mala, sino peor. Y, sin embargo, asistimos impasibles al espectáculo de que nuestros hijos pasen por lo mismo, que salgan del colegio con un inglés ramplón, dejen la universidad habiendo olvidado lo poquito que sabían y se la peguen en cuanto se incorporan al mercado laboral, si tienen la suerte de poder hacerlo sin saber inglés, claro.
¿Cómo es posible que menos del 5% de los universitarios españoles domine el inglés? ¿Cómo puede ser que el 70% de los curriculums mienta sobre el nivel alcanzado en la lengua de Shakespeare? ¿Cómo hemos llegado a un punto en que un presidente del Gobierno detrás de otro ha de aprender el idioma a marchas forzadas una vez en el cargo?
Por alguna extraña razón, seguimos pecando de un chovinismo mal entendidoSólo se me ocurren dos explicaciones, más allá de nuestro pésimo sistema de enseñanza (análisis que daría no para uno, sino para decenas de artículos). Y, a riesgo de que me acuséis de que no se debe generalizar -lo sé, lo sé, hay muchas y muy honrosas excepciones-, me lanzo a darlas. La primera que, por alguna extraña razón, seguimos pecando de un chauvinismo mal entendido. Si hubo un tiempo en que tuvimos un imperio, el español es el tercer idioma más hablado del mundo y en España se vive de miedo, ¿por qué me voy a molestar en dejarme los cuernos en estudiar una lengua que ni siquiera me apetece hablar? La segunda, que generalmente se nos da bastante mal lo que exige esfuerzo a largo plazo. Si ya chapurreo y me entienden para pedir dos cervezas en un pub, ¿para qué intentar dominar ese idioma tan raro, lleno de phrasal verbs y que tiene doce vocales? Es más, me río de los que se esfuerzan por pronunciar bien, que son unos esnobs. ¿Qué es eso de decir Maícrosoft en lugar de Microsoft? ¿Estamos tontos o qué?
Y así nos va. En Londres nuestros hijos no pueden aspirar a servir mesas porque su inglés no da para atender al público y han de quedarse lavando los platos. Mientras tanto, en Madrid las aulas se llenan de adultos que quieren salir de España a buscar trabajo y su nivel de inglés no se lo permite. Ojalá aprendamos la lección, entendamos que no es una cuestión de capricho sino de extrema necesidad, y no condenemos también a la generación que viene. Porque no toda la culpa es del sistema educativo.

12 nov 2012

Libertad de prensa | Grecia: más austeridad, menos libertad (The Observer, Londres)

Cuando esos escandinavos satíricos y descabellados concedieron el premio Nobel de la Paz a la Unión Europea, dejaron que todos se creyeran el chiste, alabando su compromiso con "la reconciliación, la democracia y los derechos humanos". Si la cita del comité de 2012 no fuera una parodia, hace tiempo se habrían leído las denuncias de los comisarios de la UE sobre el aumento del poder estatal opresivo y del neo-nazismo en Grecia.

La UE denuncia enérgicamente las amenazas a la libertad de expresión en la Hungría de Viktor Orbán. Los políticos europeos se preocupan, y con motivos, por el destino de las instituciones independientes que se oponen a este régimen agitador. Señalan el carácter fascista de los escarceos de la nueva derecha húngara con el odio antisemita y hacia los gitanos y su disposición a consentir la fantasía revanchista de que Hungría podría volver a recuperar los territorios que perdió tras la Primera Guerra Mundial. En cambio, aunque los líderes de Europa podrían hablar mucho sobre ello, guardan silencio ante el destino de la democracia griega.

Se pueden detectar los puntos de pulso de un Estado deficiente observando lo que censura. En el caso de Grecia, la acción judicial de la semana pasada por parte de las autoridades contra Costas Vaxevanis demostró que éste había tocado un punto de pulso con la precisión de un doctor que pincha una aguja en un nervio. Mientras los griegos viven con una austeridad sin fin, mientras el PIB de Grecia se hundió un 4,5% en 2010 y un 6,9% en 2011, y se hundirá previsiblemente un 6,5% este año, así como un 4,5% en 2013, la lista con los nombres de 2.000 griegos con cuentas bancarias en Suiza que publicó Vaxevanis daba a entender que aquellos con buenas conexiones están escapando a las cargas que tienen que soportar las masas.

El hecho de que fuera absuelto de la acusación de violar las leyes de privacidad, aunque se acogió positivamente, fue menos importante de lo que parecía. No significó que la libertad de prensa estuviera garantizada en Grecia. Incluso en épocas de prosperidad, el periodismo independiente rara vez ha dominado este país. La mayoría de canales de televisión y periódicos griegos son propiedad del Estado o de empresas plutocráticas y a ninguno de ellos les gusta que se expongan los casos de corrupción.

Pocos empleados de las organizaciones de noticias griegas que quedan rechazan la noción de que deben mantenerse callados si quieren seguir cobrando sus sueldos. Y los que lo hacen, sufren la persecución del Estado. "Aún gozamos de la libertad de expresión reconocida por la ley, al menos teóricamente", comentaba Asteris Masouras, uno de los supervisores de la libre expresión de Global Voices. "En la práctica, en fin..." Y prosigue dándome una lista de ejemplos de amenazas para intimidar a los reporteros.

¿Por dónde empezar? ¿Qué tal por las contraproducentes políticas de austeridad que la troika integrada por el BCE, la Comisión Europea y el FMI han impuesto a Grecia? Las autoridades recurrieron a una antigua orden de detención para arrestar a Spiros Karatzaferis (el 31 de octubre), después de que el periodista amenazara con revelar correos electrónicos confidenciales que podrían haber explicado cómo el supuesto "paquete de rescate" de la troika había empujado al país a la depresión.

Sin duda, la brutalidad policial constituye otro punto de pulso. La izquierda griega no deja de alegar que existen colaboraciones entre las supuestas fuerzas de la ley y el orden y los matones del movimiento neo-nazi Golden Dawn. The Guardian elaboró una serie de informes sobre cómo la policía había apaleado a manifestantes antifascistas después de haberse enfrentado a Golden Dawn. Al día siguiente, la televisión estatal griega sustituyó a Costas Arvanitis y a Marilena Katsimi, los presentadores de las noticias de la mañana, después de que éstos les dijeran a los directores que pensaban realizar un seguimiento de las alegaciones de The Guardian.

Otro reportero de la televisión estatal, Christos Dantis, se sumó a la lista de periodistas que desaparecían de la escena. Sus editores le pidieron que cubriera las celebraciones del centenario de la liberación de Tesalónica del poder otomano. Estaba a punto de informar sobre las protestas populares contra la presencia del primer ministro y del presidente griego en la segunda ciudad de Grecia, cuando los directores apagaron la cámara y pasaron a un tema más apropiado para ellos.

Se puede afirmar con seguridad que están resucitando las antiguas alianzas entre los movimientos políticos y religiosos extremos. De ahí que el mes pasado, los fanáticos cristianos y los neo-nazis (y la diferencia entre ellos es escasa) protestaran contra una obra "blasfema" con una temática homosexual en Atenas. La dirección del teatro la retiró, diligentemente. La televisión griega cortó una escena de Downton Abbey en la que se veía un beso entre homosexuales. Nadie puede explicar por qué, pero un país que censura Downton Abbey por otros motivos que no sean de gusto literario, realmente tiene graves problemas.

Los euroescépticos británicos no comprenden que la Unión Europea ofreciera un escape a un futuro liberal a los pueblos de Europa. Cuando visité Antenas a comienzos de los años ochenta, las personas de edad avanzada recordaban haber luchado contra la ocupación nazi y los jóvenes habían crecido en la dictadura militar que impusieron los coroneles y a veces se rebelaron contra ella. Formar parte de la Unión Europea implicaba decir adiós a todo eso. Y ahora vuelve la pobreza, el miedo, la supresión y la intimidación Estatal.

Se puede culpar a la corrupción que toleró la sociedad griega. Se puede culpar a los banqueros de la quiebra económica. Pero también se debe culpar en parte a los políticos y burócratas de Europa, porque aceptaron que Grecia (y el resto del sur de Europa) formara parte de una moneda única que les ha situado en una desventaja competitiva permanente y porque se negaron a cancelar deudas que Grecia jamás podrá pagar.

No es de extrañar que guarden silencio ante el abuso de los derechos humanos que el comité del premio Nobel sostiene que se garantizan por la integración europea. Grecia es la República de Weimar de los eurócratas en el Egeo. Ellos han contribuido a su creación.


Fuente: PressEurop

2 nov 2012

Bielorrusia | Alexander Lukashenko: “Son ustedes unos canallas democráticos” (The Independent, Londres)

Se dice que se puede juzgar a un hombre por las compañías que frecuenta. Si es así, Alexander Lukashenko, presidente de Bielorrusia en los últimos 18 años, está transmitiendo señales preocupantes.

Describió a Bashar al-Assad, el presidente sirio cuyo régimen ha supervisado las masacres de Hula y Daraya, como "una persona maravillosa" y "un hombre absolutamente europeo y civilizado". También nombró al coronel Gadafi y a Sadam Hussein.

Sentado entre la falsa grandiosidad de sus oficinas en Minsk, recordó las agradables conversaciones que mantuvo con el autócrata libio. "Le dije: 'Muamar, ¡tienes que arreglar las cosas con Europa!' Y luego me contaba sobre su relación con Sarkozy" y con más misterio de cómo Occidente acudió a su antiguo confidente sobre Irak.

"Los enviados estadounidenses vinieron a verme antes de la crisis en Irak y me pidieron que dijera que había armas nucleares en ese país. Yo me negué. Incluso me dijeron que sería beneficioso para Bielorrusia en términos de inversiones, etc. Que lo único que tenía que hacer era apoyarles. Les dije que no podía hacerlo, porque sabía que allí no había armas nucleares”.

"Su respuesta fue: 'Le creemos, pero el motor de la máquina de guerra ya se ha puesto en marcha y va demasiado rápido'. Le juro que esta conversación se produjo y que un hombre vino a verme y estuvimos hablando de esta cuestión en esta misma sala".Y tras esto, se reclinó hacia atrás y me miró fijamente. Un fuego de imitación parpadeaba en la chimenea, con la leña de plástico proyectando un brillo febril en la parte izquierda de su rostro.

"Es un doble rasero", insistía con algo de justificación. "Los estadounidenses quieren que seamos democráticos. ¡Que se vayan a Arabia Saudí y la hagan democrática! ¿Nos parecemos en algo a Arabia Saudí? ¡No tenemos nada que ver! ¿Por qué no los hacen a ellos democráticos? Porque es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta".

"Son ustedes unos canallas. Canallas democráticos. Han destruido a miles, quizás a millones de personas [en Irak y Afganistán]". Y exclamó: "Tengo que soportar la presión de la democracia porque Occidente me amenaza con una porra en la cabeza, todos los días. ¿Quién necesita ese tipo de democracia?".

El autoritarismo aún prevalece en los antiguos Estados soviéticos. Desde que fue elegido en julio de 1994, se consolidó en el poder despiadadamente, aunque con habilidad política, tomando posesión del Parlamento y del poder judicial, así como coartando a los medios de comunicación.

A finales de 2010 hubo un rayo de esperanza cuando, antes de las elecciones presidenciales de diciembre, se flexibilizaron las restricciones y se permitió que se presentara una oposición sin precedentes de nueve candidatos. Pero la esperanza acabó el día de las elecciones. A medida que los manifestantes se congregaban para protestar contra la victoria de Lukashenko, una victoria que los observadores internacionales calificaron de fraude, hicieron que intervinieran los servicios de seguridad.

Lukashenko no se arrepiente de nada. "A diferencia de Reino Unido, o Francia, o Estados Unidos, nunca hemos usado cañones de agua para dispersar las protestas masivas. Incluso cuando atacaron la Casa del Gobierno y tiraron la puerta, rompieron las ventanas e intentaron ocuparla, no utilizamos cañones de agua ni gas lacrimógeno. Hicimos que interviniera la policía y las fuerzas especiales. Entonces los curiosos se marcharon y los que quedaron fueron los activistas: fueron detenidas 400 personas, las que rompieron las puertas".

Amnistía Internacional destaca en su último informe anual recientes alegaciones de tortura y maltrato en Bielorrusia, así como que cientos de personas fueron detenidas por participar en "protestas silenciosas", en las que expresaban su oposición reuniéndose en lugares públicos y luego aplaudiendo o haciendo sonar las alarmas de sus teléfonos móviles. Human Rights Watch advierte de que ahora se está expulsando a los estudiantes de la universidad por criticar al régimen de Lukashenko. A los funcionarios se les despide por cometer el mismo delito.

Tradicionalmente, a Bielorrusia le ha ido bien bajo su mandato. Ha figurado sistemáticamente en la lista de los antiguos Estados soviéticos con mejor rendimiento económico según el Índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas, y en 2005 el FMI confirmó que en los siete años anteriores su Gobierno había reducido a la mitad el número de personas en situación de pobreza y que había mantenido la distribución más justa de ingresos de todos los países de la región. La sanidad era gratis y la educación universal.

Todo esto se logró al estilo soviético, manteniendo en manos del Estado el 80 por ciento de la industria y el 75 por ciento de los bancos. También se consiguió, al estilo soviético, a costa de las libertades básicas. Llegar a Minsk es como adentrarse en un mundo que, al menos en el resto de la antigua Unión Soviética, desapareció hace dos décadas.

Cuando la URSS se desplomó yo era un niño, pero aún recuerdo, sobre todo en comparación con lo que sucedió después, lo limpias que estaban las calles y los pocos coches que había en las carreteras. Minsk aún sigue estando así: vacío y como los chorros del oro. Los ecos que resuenan sólo se intensifican con su apariencia. En la ciudad, reconstruida casi en su totalidad por la mano de obra de los prisioneros de guerra alemanes tras la Segunda Guerra Mundial, hay filas de elegantes bloques de apartamentos de la era de Stalin y bulevares amplios y barridos por el viento. Es como la imagen de una de las fotos de los álbumes antiguos de mis padres.

Sin embargo, el parecido no es sólo estético. También se encuentra en la emanación política del lugar: los agentes de seguridad vestidos de paisanos que se ven vigilando en el aeropuerto, en lugares públicos e incluso en algunos bares; el lugar central que ocupan los servicios de inteligencia (que en Bielorrusia aún se llama KGB) con su cuartel general neoclásico en el centro de la capital; y la estatua de Lenin situada en un lugar destacado.

La crisis económica global ha afectado de lleno al país y ha puesto en peligro el "milagro bielorruso" del que ha presumido Lukashenko durante tanto tiempo. Este contrato social, es decir, que ofrecería uno de los mejores niveles de sanidad, educación y seguridad de la región a cambio de ceder algunos derechos políticos, es lo que ha constituido durante mucho tiempo el fundamento para justificar su modo de gobernar. Ahora, la moneda se ha devaluado tres veces y la inflación ha aumentado en gran medida. Las subvenciones de gas de Moscú, un aspecto crucial para mantener a flote la economía del país, corrieron peligro cuando Rusia subió los precios de repente. Como consecuencia de ello, Lukashenko tuvo que aprobar la venta a Gazprom de la operadora de gasoductos Beltransgaz, una de las joyas de la corona del Estado bielorruso, para garantizar más descuentos.

El descontento producido por estas épocas duras es lo que ha generado el aumento de la represión. El recurso de la oposición a las protestas en silencio fue una reacción a la velocidad con la que las autoridades habían empezado a tomar duras medidas contra cualquier protesta en la que se corearan eslóganes. Aunque esto no les proporcionó ninguna protección. En YouTube se pueden ver vídeos de cómo la policía dispersa estas protestas. No son nada agradables de ver.

"¡Así que Lukashenko es un mal tipo!", replicó Lukashenko cuando le pregunté por ese comportamiento. "Salga a la calle y mire a su alrededor: todo está limpio, en orden, con la gente caminando. A ver si ahora el dictador no va a tener nada que ver con ello".

¿Y no se ha cometido errores? ¿No habría hecho algo de forma distinta durante sus casi dos décadas en el poder? "No ha habido errores sistemáticos", me respondió, "porque yo no los recuerdo".


Fuente: PressEurop

Grecia | Por qué publiqué la lista Lagarde (The Guardian, Londres)

"Cuantas más leyes tenga un país, más corrupto es", solía decir el historiador romano Tácito. Grecia tiene unas cuantas leyes. De hecho, tiene tantas, que la corrupción está garantizada. Un club exclusivo de personas poderosas comete actos ilegales, luego consigue que se aprueben las leyes necesarias para legalizar esas prácticas, con lo que obtiene la amnistía y al final, ningún medio de comunicación revela lo que ha ocurrido en realidad.

Mientras escribo, se está hablando en todo el mundo de las aventuras de una revista independiente en Grecia, Hot Doc, de la que soy editor. La publicación en nuestra revista de una lista de presuntos titulares de cuentas bancarias en Suiza y mi posterior detención, han provocado un gran revuelo. Pero no en los medios de comunicación griegos. Hace unos meses, Reuters y la prensa británica revelaron escándalos en los que estaban implicados bancos griegos. Los medios griegos tampoco escribieron nada al respecto entonces. El espacio que tendría que haberse reservado a los informes sobre estos escándalos lo ocuparon anuncios pagados y patrocinados por esas mismas personas que provocaron que los bancos griegos se hundieran.

El caso "Lagarde" en Grecia es simplemente la expresión extrema de esta situación. En 2010, Lagarde entregó al entonces ministro de Finanzas, Yorgos Papaconstantinou, una lista de griegos titulares de cuentas en bancos extranjeros. Parte de estas cuentas eran de "dinero en negro", dinero que puede que no se declarara o que tenía que blanquearse. Tras una serie intrincada de sucesos, Papaconstantinou admitió haber perdido los datos originales, pero en cambio pasó una copia a su sucesor Evangelos Venizelos, que al final confesó haberlos tenido en su poder, pero que hasta ahora no los había presentado. Por lo tanto, la lista aún no se ha investigado como es debido.

En los dos últimos años, el asunto de nombrar a las personas que supuestamente poseen cuentas bancarias en Suiza ha envenenado la vida política en Grecia y se han producido chantajes en las salas oscuras del poder corrupto. En este contexto, Hot Doc publicó 2.059 nombres de griegos que presuntamente poseen cuentas en bancos suizos, sin especificar la cantidad de sus depósitos ni ningún otro dato personal.

Y entonces, en un acto de extrema hipocresía, los poderes nos recordaron su verdadero carácter. El fiscal de Atenas ordenó mi detención inmediata. Como base de la acusación se mencionó la ley sobre datos personales. Pero en realidad, no se había revelado ningún dato personal, sólo el hecho de que ciertas personas poseían una cuenta en un banco determinado. Ni siquiera sostuvimos que estas personas eran culpables, sino que simplemente pedíamos una investigación.

Las transacciones bancarias se realizan en público, no en secreto. Por lo tanto, la existencia de una cuenta bancaria no es un dato personal. Un dato personal sería la cantidad y el tipo de las transacciones. En Grecia, los bancos envían sobres con sus logotipos, en los que incluyen datos sobre transacciones; es decir, declaran su relación con los clientes. En cambio, la publicación de una simple lista de nombres y la petición de una investigación se definió como publicación de datos personales.

En la mitología griega antigua, la justicia se representa como una mujer ciega. En la Grecia moderna, simplemente pestañea y asiente. El estudio de la lista Lagarde es muy revelador. Editores, empresarios, armadores y todo el sistema del poder parecen haber transferido dinero al extranjero. Y esta información procede sólo de un banco. Mientras, en Grecia, la gente rebusca comida en los cubos de basura.

No todo el mundo ha provocado la crisis en Grecia. Y no todos están pagando por ella. El club del poder, exclusivo y corrupto, intenta salvarse a sí mismo, fingiendo que se esfuerza por salvar a Grecia. Pero en realidad, intensifican las contradicciones de Grecia, mientras el país se tambalea al borde de un precipicio.

Si en la Biblia, los pecadores "filtran el mosquito y se tragan el camello" [Mateo, 23-24], en Grecia, los poderes pecadores filtran las pensiones y se tragan las listas para, por supuesto, hacerlas desaparecer. Son las listas de sus amigos, sus conocidos, sus favoritos y sus compinches en sus tramas.

En el país que vio nacer a la democracia, como nos gusta recordar, la democracia se ha convertido en una raza nueva y extraña. Los que están en el poder se aseguran de que el derecho al voto se entienda como democracia y al mismo tiempo niegan la democracia al abusar de los derechos que les confieren los votantes. Y la justicia sigue siendo esclava de la política.


Fuente: PressEurop

Los conservadores juegan con la bomba de Bruselas (The Daily Telegraph, Londres)

Cuando David Cameron se convirtió en líder del Partido Conservador hace siete años, al parecer William Hague le hizo una seria advertencia sobre el asunto de Europa. Hague le recomendó que se mantuviera al margen, ya que él mismo sabía por propia experiencia como líder conservador (de junio de 1997 a septiembre de 2001) el daño que podía causar. Hague añadió que Europa debía considerarse como una bomba que no se podía desactivar nunca, pero que podía explotar en cualquier momento. La opción más sensata era dejar el tema a un lado y esperar que ocurriera lo mejor.

Cameron tomó nota de ello. En la oposición hizo todo lo posible por evitar problemas y se mostró casi excesivamente cauto durante su periodo inicial en el Gobierno. Europa constituyó la parte más sencilla de negociar del acuerdo de coalición, ya que Cameron ya había abandonado su garantía “inamovible” de un referéndum sobre el Tratado de Lisboa. Con sólo una excepción realmente dramática (el veto al tratado del pasado diciembre), su Gobierno se ha concentrado en asuntos menos arriesgados.

Pero de repente, ha quedado claro que, siete años después de la advertencia del ministro de Exteriores, se ha abandonado la doctrina de Hague. En los últimos días, sin el conocimiento y por su puesto sin el consentimiento de un desconcertado Hague, una serie de ministros del Gobierno han expresado sentimientos antieuropeos. La primera en hacerlo fue la ministra de Interior Theresa May, que ahora se especula que podría convertirse en líder de los conservadores. En la conferencia del partido [entre los días 7 a 10 de octubre], atacó uno de los pilares fundamentales de la Unión Europea, al prometer que replantearía el libre movimiento de personas entre Estados miembros. Lo que nunca explicó es cómo proponía hacerlo exactamente.

Luego, el 16 de octubre, May volvió a atacar a Bruselas, esta vez planteando dudas sobre la orden de detención y entrega europea. Encontró un aliado en Philip Hammond, el ministro de Defensa, que recientemente hizo un llamamiento para que se “reconsiderara” la relación entre Gran Bretaña y Europa.

Pero la contribución más significativa al debate hasta ahora ha sido la de Michael Gove. El ministro de Educación reveló que, si mañana se celebrara un referéndum sobre la Unión Europea, votaría a favor de la retirada de Gran Bretaña.

No se puede sobrestimar la importancia de estos comentarios. Aunque muchas personas han criticado a Europa, ningún político británico se ha atrevido realmente a abogar por el cese de las relaciones desde que lo hiciera el antiguo líder del Partido Laborista Michael Foot hace más de veinticinco años. Desde la humillación de Foot en las elecciones generales de 1983, entre todos los políticos de primera fila de los tres principales partidos ha existido siempre el consenso de que la pertenencia de Gran Bretaña a la UE, por irritante que parezca en la práctica, en principio es algo positivo.

La decisión de Gove de romper ese consenso sería un momento de gran importancia aunque hubiera actuado en solitario. Pero al parecer, cuenta con el apoyo de alrededor de la mitad de los miembros conservadores del Gobierno. De hecho, incluso hay motivos para especular que Gove, que es amigo cercano del primer ministro, pueda estar actuando como escolta de Cameron.

Por ello, está claro que el Partido Conservador ha llegado a un momento decisivo. Cameron ha decidido arriesgarse y detonar la bomba europea, siendo plenamente consciente de las consecuencias. A priori parece un acto de insensatez. ¿Por qué ha decidido el primer ministro dar este paso tan peligroso?

El primer motivo es que al estar en el Gobierno, algo que normalmente hace que los ministros sean más cautos y pragmáticos, les ha vuelto más radicales en lo que respecta a Europa. Gove, por ejemplo, se ha dado cuenta de que con las directivas de Bruselas le está resultando más difícil deshacerse de los directores incompetentes de los colegios británicos. Duncan Smith, ministro de Estado para el Trabajo y las Pensiones, ha experimentado algo similar cuando se disponía a reformar el Estado del bienestar. Prácticamente todos los ministros tienen una historia que contar en este sentido.

El segundo motivo concierne al Ukip (el euroescéptico Partido por la Independencia de Reino Unido). Al igual que el BNP (Partido Nacional Británico, de extrema derecha) cuenta con el respaldo de los votantes laboristas, el Ukip es el Partido Conservador en el exilio. Los estrategas del Partido Conservador temen incluso que sean los vencedores en las elecciones europeas de 2014, relegando a los conservadores a la tercera posición. Está claro que en las elecciones generales el Ukip no tendría unos resultados tan espectaculares. Si fuera así, podría recortar el voto de los conservadores en varios puntos de porcentaje, con lo que a Cameron le resultaría imposible ganar y costaría muchos escaños al Partido Conservador.

El primer ministro también tiene que lidiar con las fuerzas internas dentro del Partido Conservador. Hace menos de un año que 81 parlamentarios desafiaron las provocaciones del Gobierno sobre si debía convocar un referéndum sobre la UE, la rebelión más importante que se ha producido en Europa. Desde entonces, la opinión se ha endurecido y en los próximos meses, se espera una nueva serie de votos sobre Europa, incluido el relativo a la nueva unión bancaria.

Pero el cuarto motivo es el de mayor peso. Se ha producido un cambio de opinión. Muchos ministros conservadores ahora creen en su fuero interno que el futuro de Gran Bretaña se encuentra fuera de la Unión Europea. No es por llamar la atención con comentarios antieuropeos por motivos tácticos que tienen que ver con el Ukip, ni con la gestión parlamentaria, ni por ganar popularidad personal. Lo hacen porque lo creen firmemente.

Se trata de un momento trascendental, sobre todo si consideramos que hace casi 20 años desde que la rebelión sobre el Tratado de Maastrich de John Major llegó a su punto álgido. Por aquel entonces, se consideraba a los rebeldes como un grupo marginal. El Partido Conservador apoyaba la pertenencia británica a la UE. Si alguno de los ministros del Gobierno hubiera hecho algún comentario similar al de Michael Gove, se le habría obligado a dimitir. Hasta ahora, nadie ha instado a Gove a que se retracte y mucho menos a que dimita.

Sin embargo, sigue habiendo un gran misterio. Esta última oleada de retórica antieuropea hasta ahora sólo ha sido una cuestión de grandilocuencia, en cuyo caso aún se puede esperar que nunca se hará realidad, lo que producirá nuevas acusaciones de traición.

No obstante, creo que el ministro de Educación y sus partidarios en el Gobierno están realmente dispuestos a intentar que Gran Bretaña salga de la Unión Europea. Se trata de un paso osado y muy serio. Espero que sepan lo que están haciendo. De lo contrario, la bomba metafórica del ministro de Exteriores podría explotar y el resultado podría ser devastador.


Fuente: PressEurop

21 oct 2012

Más de 100.000 personas se manifiestan en Londres y otra ciudades británicas

Más de 100.000 personas, según los organizadores, se manifestaron este sábado en Londres contra los recortes y medidas de austeridad, protestas que se extendieron por otras ciudades del Reino Unido y en las que se acusó al primer ministro, David Cameron, de favorecer a los ricos y ahogar el crecimiento.La protesta llevada a cabo por el centro de Londres, cerca de las sedes del Gobierno y del Parlamento, transcurrió en general de forma pacífica, si bien a última hora del día hubo algún altercado en Oxford Street por parte de grupos que se habían separado de la marcha principal.Más de 250 aut...

Fuente: ABC.es