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2 dic 2012

Sanidad rechaza a una paciente de cáncer marroquí por no tener tarjeta

La única solución que le dio la médico del Hospital de Castelló es que se ponga en contacto con la trabajadora social para solucionar el problema, y la remitió al servicios de urgencias «para ser valorada por la necesidad de controlar el dolor con Dorogestic»


Alicante, Después de diez años viviendo en España, Hanane B., de 29 años y nacionalidad marroquí, ha visto cómo la Sanidad española le ha de lado cuando más la necesita. Hace cinco años le diagnosticaron un cáncer de mama, que a día de hoy presenta metástasis óseas, y que requiere un tratamiento periódico de quimioterapia. Cuál fue su desagradable sorpresa cuando el miércoles acudió al Hospital Provincial de Castelló para recibir su tratamiento, como cada 21 días, y se encontró con una negativa como respuesta al tener el permiso de residencia caducado. Además, cuando solicitó que le recetaran parches para el dolor, la médico le informó de que no podía «pautar más medicación hasta que no solucione con la Seguridad Social su condición de asegurado».

«Tiene el cáncer muy avanzado y le niegan la quimioterapia. Van a dejarla que muera así. No tienen sentimientos», se lamenta Mustafá, marido de Hanane. Ambos residen actualmente en Valencia, aunque el tratamiento se inició en Castelló en 2008, ya que por entonces vivían en Burriana. Durante varios años, Hanane dispuso de tarjeta sanitaria pero se la retiraron hace tres meses al estar en trámites para renovar su permiso de residencia, que caducó en diciembre de 2011.

El pasado miércoles Hanane acudió al Hospital Provincial de Castelló como cada 21 días para someterse al tratamiento paliativo de quimioterapia. El primer problema que se encontró es que no estaba su médico habitual, quien posiblemente no le hubiera solicitado su tarjeta sanitaria. No obstante, la doctora que la atendió le manifestó que figura como no asegurada y que el Abucasis, sistema para la gestión sanitaria, «le impide recetar más medicación hasta que no solucione con la Seguridad Social su condición de asegurado», según consta en el informe médico de Oncología del citado centro hospitalario, al que ha tenido acceso este periódico.

80 euros cada caja

«Le pedí parches de morfina para el dolor porque ya no me quedan y cada caja vale 80 euros (con sólo cinco unidades). Pero me pidieron la tarjeta sanitaria», explica la paciente. Ni ella, con un 75% de discapacidad, ni su marido trabajan, por lo que 80 euros por caja supone un mundo para ellos.

Al explicarle que no llevaba la tarjeta sanitaria encima porque se la habían retirado, la médico comprobó en el ordenador que Hanane ya no figura como asegurada. «Me dijo que tenía que pagar el tratamiento de estos últimos meses y que hasta que no lo pagara no me podían atender, que me fuera a mi casa», se lamenta la mujer.

Asimismo, la responsable de Oncología se puso en contacto con los servicios de facturación del hospital, quienes le confirmaron que la paciente tiene el expediente en trámite desde el pasado 29 de septiembre y que actualmente «sólo tiene derecho a asistencia gratuita en urgencias». Del mismo modo, la doctora le entregó un documento a la mujer en el que se le indica que «todo lo que la paciente se haga de forma programada le será facturado», lo que incluye los tratamientos de quimioterapia.

La única solución que le dio la médico del Hospital de Castelló es que se ponga en contacto con la trabajadora social para solucionar el problema, y la remitió al servicios de urgencias «para ser valorada por la necesidad de controlar el dolor con Dorogestic». Así deja una puerta abierta a la esperanza al citarla para dentro de una semana «para realizar una valoración clínica y evaluar las recomendaciones dadas por la asistente social sobre su cobertura sanitaria».

Mientras tanto Hanane tiene que aguantar el dolor de su enfermedad en silencio. «Ayer no podía dormir, no podía cerrar los ojos de tanto dolor», llora al recordar su sufrimiento. «Otra enferma me ha dejado un parche pero su efecto sólo dura tres días». Hanane confia en solucionar pronto su situación, antes de que sea demasiado tarde.

Fuente: diarioinformacion

27 nov 2012

Una tía de Mohamed VI apalea a una abogada marroquí

La agresión reabre en Marruecos el debate sobre la inmunidad de los miembros de la familia real

 

Hafsa Amahzoun, tía del rey Mohamed VI, y sus secuaces interceptaron el martes por la noche el camión de la petrolera Afriquia a la altura de la aglomeración de Mrirt, en el Medio Atlas. La huelga de transportes en Marruecos había dejado a la gasolinera de Hafsa sin una gota de carburante. El objetivo de la interceptación era obligar al camión cisterna a rellenar los depósitos vacíos.
El chófer se resistió. No le impresionó que Hafsa, que ronda los sesenta años, fuese la hermana pequeña de Lalla Latifa, la madre del monarca. El combustible que transportaba, argumentó, era para la gasolinera Titrite, en Khenifra, una ciudad de 90.000 habitantes a una treintena de kilómetros de Mrirt.
El camionero aprovechó un descuido del "comando" de Hafsa y salió disparado hasta su destino. "Circuló a más de 110 kilómetros por hora perseguido por unos cuarenta matones repartidos en una decena de coches", afirma al teléfono Mustafá el Addari, presidente de la sección de Khenifra de la Asociación Marroquí de derechos Humanos (AMDH), quien encabeza ahora la protesta ciudadana www.amdh.org.ma. Dos diarios marroquíes narraron el suceso en términos parecidos.
En la gasolinera de Khenifra convergieron a las once de la noche el chófer, Hafsa y sus fieles, el dueño de la empresa Titrite, Abdelghani Labbak, su mujer, Fátima Sabiri, y los gendarmes que llamaron a Afriquia para comprobar quién había comprado el combustible que transportaba el camión.
Cuando los gendarmes emitieron su veredicto, favorable a Titrite, Hafsa y sus hombres, provistos de palos y de armas blancas, la emprendieron contra los cristales de la gasolinera y la vajilla de un restaurante colindante que pertenece a la misma empresa. "Nos pegaron también a los empleados entre los que hay 14 heridos casi todos leves", afirma uno de ellos que prefiere no dar su nombre.
Labbak, el propietario de la gasolinera, instó a su esposa a huir de la trifulca y a refugiarse en la comisaría más cercana. La intervención de esta abogada en la acalorada discusión -"aquí todos los ciudadanos somos iguales ante la ley", espetó a los agresores- había encrespado a Hafsa y sus secuaces.
Fátima Sabiri se puso al volante, pero fue perseguida por Hafsa. Llegó a la comisaría, pero la alcanzaron antes de que entrase y empezaron a golpearla. "Logró por fin franquear la puerta y los policías se apresuraron a cerrarla, pero los fieles de la tía la derribaron al tiempo que rompían los cristales del edificio", prosigue el relato el presidente de la AMDH.
Una vez dentro los agresores le asestaron "a Fátima dos profundas cuchilladas una en el carrillo y otra en la frente", afirma el marido al teléfono. "Ha quedado desfigurada", añade. "Está ingresada en una clínica privada de Meknes y dentro de un tiempo tendrá que ser sometida a una operación de cirugía estética".
"Los policías no intentaron defender a Fátima ni detener a Hafsa y sus esbirros", asegura indignado Mustafá el Addari. "Solo les suplicaban que fueran misericordiosos". "Tras propinarle la paliza se retiraron con total impunidad", concluye.
Al día siguiente Labbak Abdelghani puso una denuncia en Meknes contra la tía y los hombres que la acompañaban a los que pudo identificar. Los letrados de Khenifra, compañeros de Fátima Sabiri, protagonizaron también una protesta en el vestíbulo del palacio de justicia. Se han constituido en acusación particular en apoyo de su colega malherida.
La AMDH convocó además el sábado una concentración en el mercado central de la ciudad [vea las imágenes] para denunciar "la actuación criminal" de Hafsa y sus fieles a la que acudieron entre 3.000 y 4.000 personas, según sus organizadores. "No es la primera vez que comete estos atropellos en Khenifra y hay que pararles los pies", insiste El Addari.
Dos diarios marroquíes, el socialista Al Ittihad al Ichtiraki y el independiente Al Jarida al Oula, han recogido ampliamente la noticia. Ali Anouzla, el director de este último rotativo, ya pidió al soberano en su editorial, en septiembre pasado, que su tío político, Hassan Yacoubi, pudiese ser juzgado.
Yacoubi disparó con su révolver a Tarik Mouhib, un policía de 32 años, que lo interpeló tras constatar que se había saltado un semáforo en la Corniche, el paseo marítimo de Casablanca.
Le hirió en una pierna. La agencia de prensa oficial MAP explicó después que el tío padecía una enfermedad que "provoca una grave degeneración metal", y el asunto fue archivado.
En ambos casos "la ley no ha sido aplicada", se lamentó Anouzla, el sábado, en un nuevo editorial. "Estamos ahora a la espera", ironiza, "de un comunicado [del palacio real] que anuncie que todos los miembros de la familia real, incluidos suegros, cuñados etcétera, están por encima de la ley y que está solo se aplica a los débiles"

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